22/01/2012

- CLXVI -




- Vendrá o no vendrá a mí una nueva razón del tiempo, porque no sé si todavía es tiempo, o si es el tiempo quien ha de decidir, si ha de llegar o pasar de largo.

- Algunas hebras de la razón se hicieron ruina y, desde entonces, allí permanezco flotando en las reminiscencias de un pobre reino, adherido a los restos, como el salitre en el relieve, asiendo con las manos un puñado de hojas mudas de almanaque. ¿Y ahora qué he de hacer?

- Lo admito, para poder decir que sobre la vida no sé nada, que nadie en realidad sabe que es esto que, entre las pausas del pulso, pregunta y pregunta con insistencia.

- A dónde vas... Si en el alcance de tus pasos hay miles de razones que perecerán por falta de atención. A un paso están las soluciones, en el mismo lugar que los recuerdos y las faltas.

- Si me encuentras abanicándome la sien, será por despejar alguna duda, que en realidad ya a nadie importa; después de todo, me queda tan solo admitir que ha logrado hacerse cierta esa sensación de que todo queda inconcluso, con tan solo el pleno reconocimiento de su insistente rogativa.

- Se entrega, se entrega uno a la vida, y lo primero que le pone es un paréntesis. Se hace a sí mismo entre corchetes y fabrica con tesón unas comillas consistentes, para citarse, como si fuera, de algún modo, importante. Pero nada es importante, nada en el rito de la permanencia, excepto entenderla como imposible, entender lo efímero de un resultado, de una cifra, que es parte de otra, que opera hasta perder su condición única y acaba por desaparecer; tan solo rescatada cuando alguien, en su despiste congénito, repase esa suma, esa resta, esa frase que ya no figura en ningún sitio.

- Si aprendes a no estar, a desaparecer mezclado entre nombres y adjetivos, a saber quitar el protagonismo al vencedor y dárselo a quien malvive postrado por los acontecimientos... Sabrás dejar de ser, prepararte para no ser absolutamente nada, morirte para la importancia, con las horquillas puestas, bien peinado, visto de perfil, justo del lado que, en realidad, te favorece.


2 comentarios:

  1. Sólo uno mismo puede decidir si rompe o no la indecisión, si se toma ese tiempo y no otro, o permite que el tiempo pase, por si mientras tanto, deja una pista más que nos oriente. No hacemos otra cosa en la vida: decidir. Aunque en ocasiones lo que decidamos sea permanecer pasivos. Lo importante es tomar partido, que la actitud a tomar, pasiva o activa, sea consciente y voluntaria.

    Se ha hablado y escrito mucho sobre el “saber estar”. Existe todo un universo protocolario que mide y dirige cualquier pauta de comportamiento, el más nimio gesto, una simple pestaña fuera de su sitio,… y lo traduce simultáneamente, para bien o para mal. Pero sobre aprender a no estar, muy poquitas veces he leído, y menos aún escuchado hablar. A mí, sin embargo, me parece más importante y deseable eso de “morirte para la importancia”, que crecerse en ella; no dejaría de ser , esto último, un artificio precario y poco duradero (ya sabes, “estar en la cresta de la ola”…)

    Gracias por estas hebras de la razón, tan aplicables y utilizables para aquello que “entre las pausas del pulso, pregunta y pregunta con insistencia”. Siempre un placer saberte en este rincón apartado del bullicio, donde pensamientos y palabras viven en perfecta armonía.

    Muchos besos, Vagamente, y muchas gracias por seguir aquí.

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    1. A medida que pasan los años, uno se da cuenta de que no es tan importante prevalecer, exigirle a la historia un pedazo, como si fuera por derecho inapelable, propio e intransferible, como que otros te distingan en el camino y quede, por el propio devenir de la vida, ese pensamiento para una reducida y no buscada posteridad. Me parece que son esos mismos años que pasan los que han descifrado ante mis ojos ese mensaje en el paso del tiempo.
      El segundo plano, amiga, el discreto segundo plano, al que algunos llaman humildad, al que otros suponen como innecesario o intercambiable. Importa, claro que importa. Cuando llaman a tu puerta y se presentan primero las virtudes, o nos dicen que nos van a salvar, héroes de un rato, fugaces invenciones que nos lo van a dar todo, a cambio de una publicidad que se extienda al futuro… Y abrimos esa puerta con el sigilo necesario, restando importancia a los que somos, dejando de lado tanto como podríamos merecer, siendo sencillos, directos, no ensalzando las victorias, siendo fieles a nuestra forma de vida.
      No entiendo de nombres, de jerarquías, de mundos que contienen otros mundos, para mí el universo no tiene intersección posible, solo unión, sin distinción de unos y otros, importante es todo aquello que nos iguala y nos incluye, lo demás son palabras o futuras frases en algunos libros que, con suerte, pasaran por su trayecto con tendencia a extinguirse, como todo.
      Gracias a ti por tus palabras. Importa que vengas, que digas, que dejes tus palabras siempre serenas y acertadas. Es un placer, Deaire.

      Muchos besos, Deaire, aquí estamos, pocos, pero en la abundancia.

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