* (Foto cedida por Deaire)
Flor piensa que bajo su cama se esconde todas las noches una estrella. Tiene esa idea desde pequeña, pero nunca ha tenido valor para asomarse y darle veracidad a su suposición. Para ella no es fácil desengañarse de sopetón y además le causa temor quedarse sin ella, pues desconoce si las estrellas se asustan y se esconden cuando alguien las descubre. Ella aún no conoce la historia de David Fabricius, y es muy posible que nadie se la cuente nunca. Porque en realidad las estrellas que aparecen y desaparecen ahora son miles y no parecen importar demasiado. Ella como todos tiene docenas de problemas, pero en su intimidad le gusta creer que en la magia del cielo y antes de arroparse y apagar la luz, tiene por costumbre dar las buenas noches a su estrella.
Algunas noches le gusta pasear por el bosque. Por entre los árboles oye lejanos ruidos y alguna vez ha visto la silueta de un zorro moverse entre los matorrales. Suele llegar a la colina del Príncipe Pío, al pie de la cual aun se ve resbalar la sangre de los fusilados en aquel fatídico tres de mayo. Hace ahora casi doscientos años. Ella sube la colina indiferente a la civilización, como si aquel islote, coronado en 1972 por el templo de Debod, fuera un espacio libre y la ciudad no hubiera conquistado sus lomas, ni el templo de culto al dios Amon y la diosa Isis, hubiera cambiado de manos piedra a piedra y con ello su verdadera esencia y su verdadero lugar de asentamiento. Ella en su vagar retrocede algunos siglos sin darse cuenta y aunque Holanda queda lejos y Fabricius descansa entre otras estrellas, ella mira al cielo. Tumbada sobre la roca fría y con los ojos risueños se entrega al universo. ¿Cuál será la estrella que duerme bajo mi cama?
Algunos días las nubes bajas irrumpen en la escena y barren la ciudad. Poco a poco los edificios van sucumbiendo a la niebla y las estrellas se pierden hasta el día siguiente. Así de sencillo es borrar el universo, basta una dosis adecuada de vapor de agua.
Cuando vuelve a casa, ya sabe que su estrella está acostada y ella duerme placidamente, un sueño que de otro modo sería imposible.
Una noche cualquiera de otro tiempo un astrónomo Holandés apellidado Fabricius, no consiguió dormir. En realidad fue el 13 de Agosto de 1596, el primer día que observó una estrella roja, hasta entonces desconocida. Ya se habían descubierto otras estrellas de semejantes características, pero esta sería la primera de una larga lista de estrellas que tras un tiempo de mostrarse en el cielo desaparecían. ¿Una estrella asustada? Fabricius miró la estrella durante algunos meses y observó como, poco a poco, su luminosidad iba decreciendo hasta desaparecer de su vista. Quizá Fabricius pensó en que aquella era una estrella vergonzosa y que al saberse observada había querido esconderse, quien sabe si vistiéndose de negro y mimetizándose con el vacío. Aquel hombre no desesperó y noche tras noche, junto con sus otras observaciones astronómicas, buscaba a su estrella sin que el resultado fuera consolador. Más tarde, la búsqueda de la estrella llegó a ser una obsesión y tras bautizarla como Omicrón Ceti (Decimoquinta estrella en orden de luminosidad en la constelación de la “Ballena” Cetus en latín) varios de los más reputados astrónomos de la época se interesaron por el asunto...
Habían pasado 13 años de espera y por fin en 1609 Fabricius volvió a ver la estrella perdida. Mas tarde y sin motivo aparente, la estrella volvía a desaparecer, en un ciclo similar al juego del escondite donde la espera siempre la cuenta el mismo. Cuando murió Fabricius nadie había sido capaz de desvelar el misterio de Mira “la maravillosa” como se la dio en llamar años más tarde.
A medida que pasó el tiempo se fue descubriendo el enigma de la estrella. Fue en el siglo XVIII cuando Herschel observó su ciclo de luminosidad y le asignó una causa a la desaparición de la maravillosa estrella. La magnitud de su brillo desciende de 2 a 10 y se hace imposible de observar con la vista. La estrella permanece oscurecida durante un tiempo por su propia evolución. Como las personas a veces permanecen en un discreto segundo plano, sabedoras de que a veces el silencio es la mejor respuesta a muchas de las proposiciones de la vida. Son sabias las estrellas variables, pues son capaces de dormir a tu lado sin necesidad de deslumbrarte.
Flor sueña lejana a estas hipótesis. Duerme placidamente mientras la estrella reposa bajo su cama. No desea comprender, ni dar explicación a su creencia, solo se siente firme en su decisión de estar siempre cerca de su estrella. A su edad, ella ha empezado a creer que la sabiduría se puede adquirir sin necesidad de saber de donde viene. Y que las dudas no es necesario siempre que tengan una respuesta palpable, porque a veces los misterios más provechosos son los que dejamos que duerman todas las noches bajo nuestra cama.

Hay personas que, como Flor, necesitan la magia para “sobrevivir”. No importa tanto demostrar empíricamente que aquello que embellece la vida, exista, ni que sea la misma cosa a ojos de otros, como mantener la ilusión que provoca la hipótesis de su existencia, por levísima que ésta sea. ¿Y quién puede afirmar si la realidad que habita más y mejor tiempo en el corazón de los hombres, es menos realidad que algunas teorías que, en su rigidez, pretenden imponer algunos hombres, de ciencia o no, como si sólo ellos estuvieran de parte de la razón -o viceversa-?
ResponderSuprimirDicen que “conocimiento es poder” y la Historia está harta de repetirnos que algunos hombres (muchos) una vez instalados en alguna posición favorable, y por no verse despojados de ella, no quisieron aceptar hallazgos que tiraran por tierra sus propias teorías. ¿Cuántos investigadores o descubridores se encontraron con este tipo de obstáculos a la hora de abrir brecha, respecto a ciertos fenómenos no suficientemente observados? Esto es casi una constante en la vida…
Lo curioso es que para el “sueño” de Fabricius, sí había una explicación empírica, tan sencilla -ahora que se sabe- como fascinante: A distinta composición, distinta emisión y, como consecuencia, distinto espectro de luz. Quizá podríamos sumar un movimiento de rotación de la estrella. Cuando Fabricius estudiaba otro fenómeno similar (las manchas solares) veía cómo éstas desaparecían por un extremo del disco solar y volvían a aparecer, con el tiempo, por el extremo opuesto. Yo seguramente me habría basado en ambos experimentos para darle explicación a este fenómeno de las estrellas variables.
Pero acercase a la verdadera sabiduría exige mucha, muchísima humildad. Y Flor, desde su prudente ignorancia voluntaria, parece saberlo: “Como las personas a veces permanecen en un discreto segundo plano, sabedoras de que a veces el silencio es la mejor respuesta a muchas de las proposiciones de la vida.”
He recordado algo que dijo Antonio Gala y pienso que, curiosamente, podría aplicarse a ese tipo de personas con tanto afán de notoriedad, pero quizá también, a ese tipo de estrellas que parecen no querer manifestarse: Acerca de estar en la cresta de la ola - “Pocas expresiones tan exactas para definir la altura y la precariedad simultáneas de quien sube como la espuma, impulsado por una fuerza ajena, brilla un instante, y después se desploma. Y digo por una fuerza ajena porque, aunque haya hecho méritos suficientes para reclamar la atención, esa forma momentánea de exhibición es siempre provocada desde el exterior y por un interés ajeno, lo cual lo transforma en dependiente, sea con su consentimiento o a su pesar.”
Gracias por esta bonita historia. A mí me encanta la cosmología, ya sabes, pero… (no se lo digas a nadie ;-) también guardo estrellas en varios rincones)
Una maravilla que me hayas permitido volver la vista sobre estos temas que hace años que no toco.
Muchos besos, Vagamente, y muchas gracias.
Menudo comentario te has marcado…
ResponderSuprimirCreo que abordas todo lo que se puede decir del texto, no por el texto en sí, sino por lo que intentaba sugerir, e incluso, aún vas más allá y haces “Gala”* de un magnífico conocimiento de lo que son las estrellas variables, que era precisamente el tema que necesitaba el texto para ofrecer su conclusión final.
Tu lo dices bien claro, la ilusión, siempre la ilusión. No importa tanto conocer el origen como asumirla, llegar a la contemplación misma sin descender a la inspección, ver el conjunto, no el detalle, admirar la pintura y no dedicarse a investigar el trazo. Fabricius y Flor contemplaban los efectos, pero ambos desconocían las causas o las razones. Tan solo disfrutaban de los resultados, quizá esta sea la única forma de vivir en consonancia con el medio en el que existimos, pues no sabemos cuál es nuestro origen, y, sin embargo, intentamos llenarnos de contenido cada día. Quizá, la belleza de vivir, no está en nada concreto, porque reside en el propio misterio que es vivir.
La astronomía es la ciencia que tiene el mayor campo de aplicación, al menos el de un universo, porque ni siquiera sabemos si éste que observamos es el único o hay millones como él, más allá de donde nos llegan esas pequeñas intermitencias que cubren el cielo. Si en aquella época fueron las estrellas variables, en ésta que nos toca vivir son los planetas que están fuera del sistema solar. Ya se han descubierto cientos de ellos, precisamente por la leve disminución de luz que supone su recorrido orbital alrededor de otras estrellas. Es apasionante el tema y da para mucho, la pena es no disponer de tiempo para observar todo lo que puede verse en el cielo. No sabía lo de las manchas solares... Eso que ahora parece tan evidente, seguro que necesitó de una buena dosis de inteligencia y razonamiento. Da gusto leerte en cualquier registro.
Es cierto que hay una gran diferencia entre que te vean y hacer todo lo posible para que te vean (llamar la atención) y así como podemos descubrir un cuerpo celeste en función de las fuerzas que lo mantienen e impulsan, en las personas el brillo ha de ser espontaneo, desde la humildad y la asimilación de lo que viven, intuyendo la bondad y la maldad, conquistando los misterios sin sacarlos del envoltorio, disfrutando la cara amable de la incertidumbre, que también la tiene. Seguiremos, pues, dejando que los misterios duerman plácidamente debajo de la cama, con tan solo la garantía de que están allí y sabremos entenderlos.
Gracias a ti, por el comentario, por la información, por la cita de Gala, por la foto y por pasar por este apartado rincón del universo, con tanto que decir.
Muchos besos, Deaire
* Gracia del mes